Tu pequeña pieza maestra

Todo el día pensando,
imaginando las metáforas,
acomodando las palabras,
organizando las ideas.
Ya tienes lista tu pequeña
pieza maestra.
Para ti es perfecto. Hermoso.
Mágico. Haz dado a luz
un nuevo hijo: ¡el mejor
verso del mundo!
¿Quién es Bukowski?
Click en publicar.
Entonces vuela. Sonríes.

Y de repente estalla
como una pompa de jabón.

Napalm

Cuando pienso en ella
pienso en hojarascas
de poemas ardiendo,
en bombas lapa de su sonrisa
adhiriéndose en mi alma.

Pienso en noches de excesos
impudicia, versos y sexo.
Ella es incendiaria, elegante
apasionada, poética y salvaje.

Pienso en que su amor
está hecho de napalm
y el apocalipsis de sus besos.
En que le encanta desnudarse
y vestirse de inmortal
para cada uno de mis versos.

Cuando pienso en ella
imagino que aún nos queda
pólvora en el alma
y que caminaremos descalzos
por el asfalto del infierno.

Pienso en su cabello revuelto
y una serie de explosiones suceden
salpicando de magma
mi alma y mi cerebro.
Y en que solo encontraré la paz
el día que me despierte
con uno de sus besos.

Imagine

El lunes nos tomamos de la mano y cerramos los ojos escuchando “Imagine” de John Lennon, tumbados en la cama de un aparta-estudio en el centro de la ciudad. Las sábanas estaban teñidas de amor recién hecho, mezclado con sangría que habías preparado con manzanas, peras, jugosas naranjas y un vino tinto delicioso acompañado de poesía que para nosotros era todo un manjar. Entonces nos besamos y creímos juntos en la magia y en que las utopías podían hacerse realidad.

El martes fuimos a una isla encantada en busca de tesoros perdidos y encontramos nuestros sueños. Nadaste con delfines de todos los colores y yo te miraba sonriendo como el más feliz de los piratas. Luego te comiste una langosta que odiaba a la poesía y eso te hizo enfermar. Tuviste fiebre toda la noche, soñabas cosas extrañas, dijiste que me amabas y empezaste a delirar.

El miércoles visitamos un pueblo mágico. El piso de su plaza estaba hecho de piedras traídas de otro planeta por seres inimaginables. Nos llenamos las venas de cerveza y el alma de canciones, nos embriagamos de besos y nos burlamos de la realidad. Esa misma noche un perro ciego llegó a nuestra puerta buscando a su humano lazarillo. Tú te conmoviste tanto, tanto y tan de repente que saliste corriendo desnuda a darle un poco de nuestra cena, sin darte cuenta que una anciana que pasaba al verte como Dios te trajo al mundo, sonrió y se congeló. Al igual que un vigilante, cinco niños y trescientas personas más que a esa hora caminaban por ese corredor. Nos reímos como nunca, me pediste que fuéramos felices, te dije que te quería más que a nadie, te compré un vestido de mariposas y cuando te lo pusiste saliste a volar.

El jueves fuimos a una laguna sagrada de color verde turquesa la cual tenía poderes mágicos. Mágicos poderes con mágicas leyendas y sin que te dieras cuenta lancé una moneda al fondo de ella y le pedí como deseo casarnos en el mar.

El viernes almorzamos en tu restaurante favorito. Tomamos vino Cabernet. Le dimos de comer a los animales del zoológico. Estuvimos muy felices de estar juntos. Tú te olvidaste de todos los problemas y yo me olvide de mí mismo. Regresamos a la casa e hicimos el amor muy bien y muchas veces, como si el mundo se nos fuera a acabar.

El sábado alquilamos un balcón que tenía vista al océano, pero nosotros preferimos mirarnos a los ojos toda la noche mientras brindabamos por nuestras promesas. Luego salimos a caminar por calles llenas de historias pero ninguna era mejor que la nuestra y como las buenas historias también un día se tenía que terminar.

El domingo nos dimos cuenta que somos muy felices estando juntos y que la felicidad también duele como duele la distancia cuando amas de verdad. Nos dimos cuenta también que la magia del amor es la conquista y que es difícil conquistar lo conquistado, así que yo tomé un tren que me llevara a extrañarte lejos. Muy lejos y muy fuerte. Y tú te fuiste en un avión con hélices de girasoles que te llevaría a algún sitio mágico, lleno de todas las cosas que amamos y que nos hicieron felices, pero que estuviera cerca al mar.

*La imagen destacada es foto del lienzo pintado por mi querida amiga, poeta y artista @nuevopapel .

El nuevo orden

“No importa lo que es verdad. Solo cuenta lo que la gente cree que es la verdad”.
Paul Watson, cofundador de Greenpeace.

Los enamorados invadieron la poesía como una epidemia. Desde los abismos hasta los vasos medio vacíos. Desde el polo norte hasta la Patagonia. Desde el primer rayo de luz del día en el campo hasta los avisos de neón en los centros nocturnos de la ciudad. Desde los gimnasios de zumba hasta las escuelas de yoga. Desde el poemario que nadie ha leído en la Biblioteca Nacional de Bielorrusia hasta el más triste poema anónimo plagiado por millares de personas en Internet, porque Internet llega a todo el mundo. Desde Twitter hasta Facebook, pasando por InstagramTumbrl y Snapchat, ¿acaso no los ves?, están por todas partes escribiendo versos insólitos, ¿acaso no los ves?, están abriendo cuentas alternas en sus redes sociales para tener lectores ficticios de sus letras enamoradas, algo así como amigos imaginarios, exacto, algo así como el club de la pelea. Los enamorados están por todas partes, están conquistando las esquinas, los centros comerciales, las cafeterías, los bares, los moteles y los McDonald’s, ¿acaso no los ves?, están en algún closet escondidos esperando a que alguien lea sus versos mientras le roban wifi a sus vecinos, porque hay que ser un poco criminal para escribir. O simplemente están fingiendo que se leen entre ellos mismos pero odiándose en secreto, porque así es el amor y así son los enamorados, odian y aman en cualquier momento sin previo aviso y sin previo aviso se vuelven escritores en nombre del amor.

Van solos con ellos mismos agarrados de la mano de sus fantasmas inexistentes porque no hay sitio para ellos en el mundo, por eso están en todas partes con sus corazones rotos, sus poemas y sus ganas de volver a amar intactas. Les gusta la vida y ser felices porque es mejor que estar muertos y tristes, les encanta estar enamorados porque no tienen remedio y porque no hay mejor manera de pasar el tiempo en este mundo despiadado. Están marcados por el destino, por la distancia y por el silencio que siempre les grita lo mucho que se extrañan, que se desean y que se aman. Los enamorados son resplandecientes y un poco idiotas, son la mejor razón para que existan las flores coloridas en primavera y las tiendas pletóricas de obsequios todo el año. Son el terror de los juzgados de familia y solo quieren vivir en las noches interminables de vino, de poemas y de besos.

¿Que si son conspiradores sin saberlo?, piensa tú lo que quieras. Yo solo sé que estamos llenos de enamorados legales e ilegales cruzando las fronteras de la lógica y de la razón. Y que no quieren ni tienen pensado parar de follarse a la poesía, y qué bien y menos mal. La poesía es lo único que le queda al amor y el amor puede salvar al mundo en estos tiempos de odio racial, religioso, social, sexual, ideológico y hasta virtual. Así que, hermanos míos en Cristo, Buda, Alá, Krisna, Zeus, Pokémon go, Jared leto o en quien quieran: escribamos poesía, y seamos superhéroes. Ese es el nuevo orden, la nueva conspiración.

Chica vicio

Otra vez
tuve ese sueño
recurrente:
tú y tus labios ardiendo,
y yo intentando apagarte
con la lengua.

He bebido vino de su ombligo
y la he hecho mi manjar
me he embriagado de su alma
en la más pagana de las noches.
Me ha ofrecido su amor hecho polvo
sobre espejos de lujuria hecha lineas,
magia negra y poesía
perversamente adictiva chica vicio para mí.

He visto su piel ardiendo de deseo
apoderarse de mis noches
la he apagado con la lengua
mientras canciones mágicas sonaban.
Me he vuelto ludópata de sus juegos sexuales
le he apostado a su lujuria y he perdido la razón.

Tiene vicio en los labios y sortilegios en sus ojos,
me hace el amor a cambio de versos
luego prende un cigarro y nos echamos a reír.
Me he fumado su sonrisa
y lanzado aros de humo a su infierno,
ceniceros llenos de poesía
y el oxígeno del mundo muriéndose feliz.

Su amor es esa rosa roja
que te pincha el alma con delicia,
pero qué vas a entender tú de lo que hablo
qué vas a saber tú de mis adicciones.
Tú… que nunca te has inyectado,
su amor entre las venas.

Una y nos vamos

Once de la noche. Calle 85 de camino hacia los bares. Le compro un cigarro a la anciana de la venta ambulante y lo enciendo. Ya no soy de esos que compran la muerte por cajetillas, ahora me mato más pausada y mentolada-mente. Hay que hacerse esperar, dicen, y más cuando sabes que te esperan en el infierno.

Un joven alto. Moreno. Con barba bien poblada, de esas que consiguen seguidoras en los avatar de Twitter. Ojos claros, enmarcados por unas gafas oscuras que ocultan su mirada. Sentado con su guitarra y cantando canciones de Sabina. Voz ronca. Camisa leñadora y jeans rotos.  Su cara es agradable pero su semblante triste. Solo le pide al mundo que lo escuche y unas cuantas monedas para ir por más cervezas. Tiene veintiún años. Su alma le pesa cuarenta y dos gramos y es alcohólico desde los quince. El hijo que todo padre no querría tener. Un séquito de tres bellas muchachas le espera a que termine su concierto callejero, tal vez alguna corra con suerte y pase la noche con él. Su única aspiración es llenarse las venas de alcohol y pasar un buen rato. Me ve fumando y se acerca a pedirme fuego. —¿Te gusta Sabina? –pregunta– con el cigarro en la boca y frotándose las manos por el frió. Es la razón por la que me detuve –contesté–. Sin pensarlo dos veces sacó unos billetes de los que la gente le deja al escucharlo, le pide el favor a Paula que vaya a la licorería del frente y traiga cervezas para ellas y nosotros. La próxima la invitas tú,  me dice sonriendo. Asiento con la cabeza y le prendo el cigarro. Mira –me dice–, mi padre se metía crack todos los días cuando yo era niño, mi hermano mayor murió de cirrosis, mi madre es una suicida que vive en una clínica de reposo y Valeria, el amor de mi vida, murió hace dos años con nuestro hijo de tres meses en su vientre, a causa de un edema cerebral. Esa es mi historia. ¿Y tú, qué puedes contarme de tu vida?…
—Qué te puedo decir. Escribo versos y poemas. A veces.
—Tú sí estás bien jodido… –respondió–
Nos miramos a los ojos por unos instantes y no pudimos contener la carcajada. Este tipo era un auténtico poeta y nunca había escrito ni un puto verso en su vida, pero esta noche, solo él y yo lo sabíamos.

Camila O’Donnell, la mujer con la que iba a verme me encuentra hablando con él. Me abraza, me besa y sonríe. Ella es así. Poesía pura todo el tiempo.  —Es tarde Amor mío, vamos a ser felices –me dice– ese es su lema. Con ella siempre hay risas, hay amor, hay besos y vicios, y hay un poco de inmortalidad. Termino el poco de cerveza que me queda de un sorbo, saco unos billetes y le pido el favor a Paula que compre la otra ronda de cervezas, más un smirnoff para Camila. El joven toma nuevamente su guitarra y empieza a cantar ahora Tabaco y Chanel.
—Una y nos vamos –le digo a Camila– colocando un mechón de cabello que cae en su rostro, detrás de su oreja. Está más bella que nunca. Ella sonríe y me vuelve a besar. La noche, empieza…

La profecía

Se paró frente al espejo. Observó sus cejas, sus parpados, sus pestañas. Luego, dentro de sus pupilas dilatadas, empezó a ver imágenes de lo sucedido:

El agua de una ligera llovizna regresa hacia las nubes.

El viento se devuelve y deshace un pequeño remolino. Es viernes por la tarde y se hace mediodía.

Una bandada de palomas vuelan hacia atrás.

Su alma desde el aire regresa y se zambulle nuevamente en su cuerpo, el cual yace tendido en medio de la avenida.

El fiscal forense Antonio Olivares descubre la sábana del rostro, pasa sus dedos índice y corazón sobre los párpados del hermoso cadáver. Sus ojos verdes quedan abiertos.

El flash de la luz blanca que invadió su mirada empieza a deshacerse y recobra parcialmente su visión. Agoniza. Le es casi imposible respirar.

Una multitud de personas camina de espaldas dejando de rodear el cuerpo y regresa a los andenes.

El hilillo de sangre por su mejilla que llegaba a la oreja, regresa a su boca.

El charco de sangre al rededor de la cabeza de Michelle, se absorbe y regresa a una herida en el cráneo que se cierra lentamente.

El grito desgarrador de una mujer que vio venir el accidente se devuelve a su boca, a su garganta, a sus pulmones y a sus entrañas.

Los autos corren hacia atrás por la avenida.

Su cuerpo tendido en el piso se eleva a tres metros, da una voltereta en el aire y queda de pie.

Las lágrimas vuelven a entrar en sus ojos.

El bomper del Chevrolet Impala plateado conducido por un hombre de lentes Ray Ban negros retrocede del impacto contra el fémur de Michelle.

El golpe seco, el chillido y el humo de las llantas al frenar se desvanecen mientras el Impala retrocede a 90 Km/h por la avenida.

Michelle corre desesperada hacia atrás…

El hombre de lentes Ray Ban negros se distrae al cambiar la canción de la radio de su Impala. Busca “Crazy” de Gnarls Barkley.

Michelle pasa por el frente de un supermercado, observa adentro a una mujer rubia de tacones negros que saca una botella de vino de su carrito, la regresa al estante y camina hacia atrás por el pasillo de licores bamboleando sus caderas. Un hombre que pasa, se deleita con el espectáculo.

Una bola de helado de vainilla que se derretía en el suelo se rehace, regresa por el aire hasta el cono de una niña de tres años que va en su coche, el cual es carreteado hacia atrás por su padre.

Una pareja deja de besarse en medio de la calle. Se desabrazan, se desencuentran y regresan de espaldas cada uno a hacia la esquina opuesta de la calle.

Una morena semidesnuda desde un tercer piso observa pasar corriendo a Michelle, cierra las cortinas de la ventana y los rayos de luz que habían entrado a la habitación se devuelven al sol, da seis pasos descalza hacia atrás a la cama donde un hombre desnudo duerme.

Michelle corre desconsolada hacia atrás, llora muy triste y se sienta en una mesa de la cafetería con Gabriel.

—Michelle perdóname, he recibido noticias de Jazmín. No es fácil lo que tengo que decir: ella está embarazada y esto cambia las cosas. Debemos cancelar la boda. Sé que es difícil esta situación tanto para ti como para mí. Tenemos que tomar esto con calma. El bebé que ella espera es mío. Por favor Michelle, perdóname…

Ella se para de la mesa, camina hacia atrás hasta la entrada. Desde la puerta de la cafetería ve a Gabriel que la espera. Él se nota muy nervioso. Está mezclando el café mientras mira su reloj. Ella sonríe al verlo.

Michelle se maquilló y se puso hermosa como de costumbre, Gabriel se iba a emocionar mucho al verla. Luce con orgullo un precioso anillo de compromiso de oro blanco y un pequeño diamante en forma de corazón. Internamente lleva grabadas las letras ¨M y G¨.

Mami: Hola hija, ya voy para tu departamento. Por favor espérame. Quiero hablar contigo. Tengo una corazonada. Voy para allá. [12:36 p.m.] √

Michelle: Hola hermosa, en la nevera hay queso y jamón por si quieres prepararte un sándwich cuando llegues, también hay jugo. O si lo prefieres hay lasaña en el horno. Llego en la noche. Estoy tan feliz mamá. Tengo una cita con el amor. [12:31 p.m.] √ √

Desaparecen de la pantalla del móvil, letra por letra desde el final, las palabras del mensaje de texto que había escrito para su madre.

Michelle se para frente al espejo…