Los poetas

Van por ahí,
haciendo alarde
de sus técnicas gramaticales
y trucos subliminales.
Utilizan toda clase
de artimaña metafórica
que se les ocurre.

Ludópatas del amor
que se juegan el alma
en cada verso.
Peces que desde su acuario
se creen dueños del mar
y de la verdad.

Les llaman ¨poetas¨
porque ¨psicópatas con arte¨
les quedaba muy largo.
Cuídense de ellos, en serio,
son unos auténticos hijos de puta,
pueden hacerte inmortal
sin que se lo pidas.

Y son tan cínicos,
que hasta se enamoran
y te aman, de verdad.

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El vino

He comprobado
que cuando tomo vino contigo, Amor,
me hace daño.
No sé qué es lo que pasa.
Lo he tomado con otras personas
en diferentes ocasiones,
eventos sociales, cenas de trabajo,
reuniones familiares, o simplemente
departiendo con amigos,
y no produce mayor efecto,
lo normal; sonrisas, algo de alegría, espontaneidad,
ganas de pasar un buen rato, todo muy bien.
Pero cuando tomo vino contigo, Amor,
algo extraño sucede, un efecto diferente,
pareciera que hasta el buqué cambia,
algo misterioso, mágico, adictivo.
No sé si es por las sonrisas, o tu mirada al brindar,
o la música que nos gusta y ponemos de fondo,
o porque mi subconsciente sabe
lo que —obviamente— después sucederá.
No sé qué es lo que pasa,
pero cuando tomo vino contigo,
Amor,
me enamoro… Inevitablemente.

Érase una vez

Hoy sí es el día!

Después de varios intentos y de dejarlo abandonado por meses en un estante, con otros libros de mala muerte ya leídos, tristemente abandonado, como uno de esos cachorros mestizos de la calle, de los que la perrera se lleva a campos de concentración perrunos, por no tener quien los quiera, y luego, nadie más vuelve a saber de su existencia… Por fin! por fin empezaré a leerlo: ¨CARTERO¨ de Bukowski, ni más ni menos, Bukowski, el mesías de la poesía, el ungido por Dios y por el diablo, porque de Bukowski me gusta todo, sabes, —hasta los vicios— y un buen amigo mío, me lo regaló.

Hola amor mío —me dices sonriendo—, con esa mirada lasciva que conozco perfectamente, mientras te diriges a la nevera a salvar de sus frías garras, a la botella de vino tinto que teníamos enfriando para alguna caliente ocasión, llenas dos copas y te acercas… Amor, mira —te digo— acabo de coger el libro que me regaló mi amigo Tito, el de Bukowski ¿recuerdas? y lo iba a empezar a leer. Amor, pero ¿qué haces? no te abras la blusa, que te estoy hablando, mírame a los ojos no me mires la bragueta, te estoy diciendo que quiero leer el bendito libro, corazón, mira, no, no te muerdas así los labios, no me distraigas, no me beses el cuello, ni pases tu lengua por mi… boca, no te quites la ropa, Amor, que tengo una cita con Bukowski y me está esperando hace años, Amor, amor no me hagas eso, mira, mira ya estás en pantys… qué mala eres, digo, qué buena, qué buena estás, pero amor ¿cómo quieres que aprenda a escribirte versos y sea tu chico de las poesías?, ¿cómo quieres que me toquen los Dioses con el poder de la palabra? como dice Wolfe, si no me dejas leer a Bukowski, Amor… Amor! que no me muerdas el cuello que sabes que no respondo, no soy yo cuando me muerdes así el cuello, Amor, amor la mano, la mano dentro los de los boxers no que…
—y haces lo tuyo un poco, luego sales caminando desnuda, desnuda y mojada, con tu erotismo felino, y me susurras que me esperas, que quieres que te folle duro, en la habitación—.

Bukowski, Bukowski, viejo loco, hoy no fue tu noche tampoco…

En mi cama tengo
una historia porno
esperándome
completamente desnuda
y empapada de deseo,
con los ojos miel
más dulces del planeta,
que quiere hacerle el amor
a mi alma y a mi sexo,
y esta historia, Bukowski,
amigo mío,
únicamente, la escribo yo.

                   Érase una vez…