Tal vez

Tal vez en alguna calle
de esta ciudad
mientras una colilla aún humeando
se extingue en una acera,
alguien en algún sitio
se desnuda lentamente
encendiendo una hoguera
en el alma de su amante.

Tal vez…

Tal vez una noche de estas,
Amor mío. Regreses…
O tal vez te escriba algún poema
bajo los efectos de un buen vino
y tal vez… Tal vez te aparezcas
desnuda, caminado entre las letras
y tal vez al verte, comprenda
dónde fue que nos perdimos.

Tal vez…

Tal vez traigas tus maletas y te mudes
a mi alma y hagamos de la poesía
nuestro hogar para querernos.
O tal vez viva sentenciado
a mirar por la ventana
sabiendo que en cualquier parte
del mundo, y haciendo
quién sabe qué cosa, existes tú.

Tal vez…

Tal vez un día nos veamos
en la esquina de tu boca
y tal vez… Tal vez me mires y te vayas
con mi alma en tus pupilas,
o tal vez, Amor mío. O tal vez…
Tal vez te quedes.
Aquí, conmigo…

Qué difícil es la poesía, sin ti…

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Hoy no, ayer

Ayer que no estabas y que no tenía nada qué escribir. Ayer que no sabía si volveríamos a vernos como el asesino que vuelve con su sonrisa cínica al lugar del crimen. Ayer que veía la televisión pero no tenía ni idea de qué se trataba la película. Ayer que escuchaba música y no me di cuenta cuándo dejó de sonar. Ayer que llegué a casa en la noche y no supe qué diablos hice en todo el día. Ayer…

Ayer estuve pensando, pensando tanto amor mío:
¿En cuántos bares hemos dejado de besarnos?
¿A cuántas lunas dejamos de aullar después de no follarnos como animales?
¿Cuántos poemas estuvieron esperándonos y nunca llegamos?
¿Cuántos orgasmos se quedaron sordos esperando tus gemidos?
¿Cuántos cigarros del después que no fumamos nunca llenaron el cenicero?
¿Cuántas botellas de ginebra que no bebimos se quedaron en el estante
muriendo de ganas por besar nuestra garganta?
Cuántos ¨buenos días, amor ¿vas a desayunarme ya?¨ nos perdimos.
¿Cuántas sonrisas —por nada— que no tuvimos, dejaron que se apagara
el brillo en nuestros ojos?
¿Cuántos «te amo» no nos dijimos?

Ayer te estuve pensando, amor mío. Pensé que ya no había nada para nosotros,
que el destino ya había cumplido su cometido.
Ayer pensé que no iba a volver a verte en todo lo que escribo, porque el tiempo pasa y el amor se acaba, porque a nadie le gusta leer la letra pequeña y mucho menos en contratos de amor. Porque después de la tormenta llegará la calma pero mi alma está inundada de recuerdos y el invierno no termina. Porque lo único seguro en la vida es la muerte pero en el amor, tengo mis dudas. Porque cuando te fuiste, me sobraba media cama y me faltaba media vida, hasta que dije: ya no más.

Ayer pensé que ya no te amaba. Hoy no, ayer. Y menos mal fue solo ayer, porque hoy sonó el teléfono y escuché tu voz diciendo que me amabas. Y eso, amor mío, era lo único, que tenía que escuchar.